Vertical
Por Rubén Díaz Avelino
El día 9 de mayo un grupo de más de 60 elementos de la Policía Estatal del estado de Puebla abrió fuego en contra de un grupo de habitantes d Coyomepan, regresaban en autos y camionetas a la cabecera municipal, luego de haber realizado una asamblea comunitaria y pacífica en la que s organizaron para continuar con el movimiento de rechazo a las actuales autoridades encabezadas por la familia de caciques de Celestino Rosas.
Regresaban para ir a comer a sus casas, cuando de pronto los uniformados les cerraron el paso y sin motivo aparente abrieron fuego de forma indiscriminada en contra de mujeres, niños y hombres, a grado tal que las ráfagas de fuego mataron a dos hombres y a un menor de edad.
Aparte, lesionaron a otras cinco personas, no había argumento, no había pretexto, bueno, sí. El pretexto era organizarse cívicamente, pacíficamente en contra del grupo caciquil que desde hace 12 años ha saqueado al Pueblo. Primero bajo las siglas del PRI, luego bajo las siglas del PSI y actualmente bajo el cobijo de Morena.
Lejos de asumir la responsabilidad, el Gobierno del Estado deslizó que se había tratado de un enfrentamiento en el cual pobladores armados habían atacado a los uniformados.
La versión deja mucho que desear, la información fue como una mañanera del presidente Andrés Manuel López Obrador, datos a conveniencia, manipulación de la realidad y satanización de los opositores, una actitud dictatorial con todas sus agravantes.
Una verdadera irresponsabilidad, un crimen de estado.
El 12 de mayo, los dolientes enterraron a sus tres muertos, uno de ellos de sólo 15 años de edad.
Ni un solo herido de los policías que se dijeron atacados, ni una sola bala en las patrullas que utilizaron para aproximarse al lugar en donde impunemente abrieron juego contra la oposición, sólo por ser eso, oposición a los caciques de Coyomepana, los Celestino Rosas.
Los Celestino Rosas han gobernado los últimos 12 años a base de fraudes, de terror y de miedo a la población que al mismo tiempo que han gobernado, han saqueado y han utilizado para enriquecerse impunemente, y al mismo tiempo, crecer políticamente, primero con Rafael Moreno Valle Rosas del PAN y ahora con el gobernador Miguel Barbosa Huerta, de Morena, el cómplice “Carnal” de los caciques de la Sierra Negra.
El sábado 12 de mayo, los habitantes enterraron a sus muertos, clamaron justicia y ese día, un rumor empezó a crecer.
“Los Celestino Rosas se van”
El rumor ya inundó la Sierra Negra, llegó a Tehuacán y ahora ha llegado a Puebla, capital.
Ese 12 de mayo, aún con cada ataúd a la vista, nació un movimiento muy fuerte que integró a unas tres mil personas.
El nueve de mayo los habitantes no portaban armas, otro rumor es que ahora sí las portarán y las utilizarán, ojo por ojo y diente por diente.
Y es que, así como la impunidad en Coyomepan con los excesos y abusos de los caciques, ha llegado a su límite, la paciencia de los habitantes por reclamar justicia también ha tocado fondo.
Coyomepan ahora sí será un pueblo sin ley.
Las autoridades sólo tienen una opción, o respaldan a los caciques y siguen con la impunidad, o hacen justicia y evitan que el estado pueda incendiarse.
El gobernador Miguel Barbosa la tiene difícil, o permite que se haga justicia y sean encarcelados los policías asesinos quienes al parecer están a sueldo de los caciques, o también pone sus barbas a remojar.
El rumor toma forma:
O se van los caciques, o se va Barbosa.
Han despertado al México profundo, al México violento, al México con sed de justicia.
O Barbosa se ciñe a la ley, o el estado que mal gobierna se le sale de las manos.
Que no diga que no fue avisado.
Quien avisa no traiciona.
O va por los caciques o se va del estado.
Aún no se ha dicho la última palabra, y, sin embargo, por este día, al respecto esta es mi última palabra.
Barbosa se va.





