Por Rubén Díaz Avelino
La administración del mal logrado presidente municipal de Puebla, es tan mala, que ya no sólo los ciudadanos sufren robos, asaltos, levantones, secuestros, ejecuciones y más, sino que, en el municipio de Puebla, hasta los muertos sufren de la delincuencia permitida por este pillo de cuello blanco, conocido en el bajo mundo como Pepe Chedraui.
Y no, no es un asunto de realismo mágico; resulta que hasta en los panteones se roban infraestructura y piezas de las sepulturas, las tumbas en la capital poblana también son inseguras, los nichos son saqueados, por lo que casi todos los mausoleos se encuentran incompletos en sus estructuras.
La inseguridad es tal, que el personal de Servicios Públicos del Ayuntamiento de Puebla, permite el acceso a maleantes a los camposantos, para obtener desde nichos, hasta herrería. Vaya, hasta las flores y los cristales de las tumbas, son robadas.
Este asunto podría ser un tema de sorpresa, pero ya no sorprende que, por un lado, el patrón sea Pepe Chedraui, y su comparsa el líder de del sindicato del Ayuntamiento de Puebla, sea ese troglodita llamado Gonzalo Juárez Méndez, el desagradable e insoportable narcisista quien le permite hasta la comisión de delitos a sus afiliados, en aras de que cuando lo vean, le aplaudan y le brinden alabanzas vacías e hipócritas por parte de sus seguidores.
Bien dicen que, en el reino de los estúpidos, el más tonto es rey, este es el caso de Juárez Méndez, un ignorante que representa muy bien a cientos de ignorantes que son incapaces, ya no de liberarse del yugo de su “líder”, sino por lo menos de cambiar de correa.
Y como la relación entre el presidente municipal y el líder sindical es una relación de conveniencia delictiva, pues juntos se cubren de forma reciproca en sus insanas prácticas.
Entre estos personajes, la otredad no es otra cosa que una vulgar complicidad.
Ambos se sienten confiados en que a nadie le rinden cuentas, pero ya vienen las elecciones del 2027, y el fracaso del alcalde, será el destino magro del pseudo dirigente delincuente.
Se sienten el dúo dinámico, Batman y Robin, pero en realidad van mal y roban.
Son tan iguales como delincuentes, que cuando Pepe Chedraui se ve en el espejo de la soberbia, no ve su decrépito rostro, sino el rostro decadente de Gonzalo Juárez Méndez, con su gesto tartufiano de un hombre con hígado graso y moral distraída, y cuando Méndez se ve en su espejo de la impunidad, loque ve es la cara gansteril de Pepe Chedraui, y ambos están contentos y se llevarán juntos su cariño hasta la tumba de sus recuerdos.





