Hoy tuve la oportunidad de saludar al gobernador del estado Sergio Salomón, minutos antes de su llegada al Congreso del Estado, ahí en la esquina de la calle 5 oriente y 16 de septiembre, ahí en el corazón de Puebla.
Iba acompañado del secretario de Gobernación Javier Aquino Limón, ambos caminaban tranquilos, sonrientes.
Cuando llegaban sólo vi en primer plano a Javier Aquino, desde hace unas tres décadas, hombre de confianza del gobernador, el caminar de ambos era firme, pero sin prisas, sin la pose falsa que caracteriza a los políticos falsos.
Al primero que saludé fue al secretario de Gobernación, saludó sonriente y acto seguido me encontré en la respuesta del saludo al gobernador, los primeros pasos que hice, fue para saludar a Javier Aquino, pero en la trayectoria estaba el gobernador de Puebla, entonces lo saludé a el primero, se veía alegre, lejos de la tristeza que dibuja a un gobernante cuando se encuentra en el anochecer de su mandato.
Su saludo no fue frío como la vez anterior que intercambiamos saludos, quizá iba concentrado en el inicio de las obras del distribuidor vial de Amalucan.
Es comprensible entender la presión que existe sobre los hombros de una persona que tiene, la responsabilidad de más de seis millones de personas, no es algo fácil ni mucho menos barato.
Sergio Salomón es de esos políticos que no abusan del poder y que tiene los pies sobre la tierra, eso explica su andar tranquilo y su caminar sonriente. Es un individuo honesto que actúa como piensa, a quizá esa es la razón más sencilla de que se encuentra lejos, en las antípodas del lema del escritor español Miguel de Unámuno: “Vencer no es convencer”.
Efectivamente, debo reconocerlo, a pesar de la distancia con el amigo, que Sergio Salomón, no vence, convence.
No soy de esos escritores que guardan las fechas en las que conocieron a tal o cual persona, como si hubieran hablado con Dios. Tengo tantos amigos a los que no divido por clases o cargos ni por su poder económico, como para saber cuando conocí a uno o a otro.
Todos son humanos, todos son amigos.
Y ese es el caso de Sergio Salomón, debo confesar sin reparo ni vergüenza, que ya no recuerdo el día que lo conocí.
Pero lo que sí se, es que ese día, fue un buen día.
A Sergio Salomón, lo he criticado muchas veces, quizá no por él ni por sus acciones, sino porque seguramente equivocado creo que algún asesor cercano, me ha mal informado con el gobernante, pensando en su beneficio personal para quedar bien y creer que cumple con su trabajo.
No obstante, considero que Sergio Salomón deja abierta la ventana para que puedan salir de su oficina, las intrigas palaciegas, los chismes corrientes y los dichos de enemistades gratuitas y devuladas, contrariamente el saludo sería frío, como el saludo el señor hielo.
Y aunque no recuerdo cuando conocí a Sergio Salomón, reconocí su lejana amistad, en compañía de una de mis familias de la zona de Tepeaca, en el restaurante Salomons.
Pero lo que sí recuero, y lo recuerdo muy bien, cuando este textoservidor se pasó al lado oscuro y participaba como integrante de la planilla del aspirante a presidente municipal de Nopalucan, Rogelio Roque Torres, quien a la sazón, ganó la elección, esa del 2013, la única que duró cuatro años, ocho meses 15 días y ocho horas, lo recuerdo muy bien como regidor de Hacienda Pública y Patrimonio Municipal.
La coincidencia fue porque el ahora mandatario, era candidato a diputado local por Tepeaca, una de las elecciones que se materializaron en otro de sus merecidos triunfos políticos.
En ese entonces, este tecleador no sabía que ese aspirante a diputado iba a llegar lejos; hoy es gobernador, uno de los mejore calificados del país.
Y uno que no tiene la necesidad de cambiar su forma de hablar ni repetir los ademanes del presidente en turno, por eso decía que es un hombre que actúa como piensa, y afortunadamente, piensa bien.
Lo que sí recuerdo es cuando conoció a mi madre, Manuela Avelino, que en paz descanse desde la maldita pandemia.
Y recuerdo más, cuando me preguntaba por ella, por eso reconozco su sencillez y su humanidad.
Sirvan estas líneas, que difícilmente redacto en Vertical, de RD noticias, para reconocer el trabajo del hombre, como en el “Hecce Homo”, de Friedrich Nietzche, más allá del personaje, del político, del que carga el destino de seis millones de poblanos.
Quiénes me conocen, no me caracterizan por el aplauso de oferta, ni del dos por uno, ni de promoción ni de descuento.
Tampoco soy una de esas vacas sagradas que se sienten dioses por tener el picaporte de la puerta del poder.
No, soy un humilde orfebre de la letra, de la palabra y del párrafo.
Sin embargo, no me cuesta trabajo reconocer el compromiso de ese, dicho con respeto, que le dio estabilidad social, política y económica a un estado que recibió convulsionado, pero que pudo adminístralo con la sabiduría con la que seguramente logró sacar avante a su familia, sin importar que hubiera tormentas, climas tranquilos o puertos lejanos.
Lo decía líneas arriba, es un hombre que actúa como piensa.
Rigg Veda dijo que ya no hay nada nuevo bajo el sol, pero el sol ha alumbrado nuevamente a Puebla, será difícil superar su trabajo y empeño, y como diría el escritor mexicano Carlos Fuentes, en su plática de los dos “mexicos”, luchando y uniéndose el uno contra el otro y juntos, que no se ha dicho la última palabra; y, sin embargo, estas son mil últimas palabras por el día de hoy en esta ferviente madrugada: viviremos el mañana con la misma ferviente esperanza con la que la hemos vivido hoy.
Quizá los amigos de ayer, puedan volver a ser los amigos del mañana.






