El Consejo Estatal de Morena se encuentra en una encrucijada y el actuar de sus consejeros sólo reveló traiciones y componendas de quienes dicen no robar, no traicionar y no mentir, pero hicieron exactamente eso y sus propios militantes son los principales afectados.
Votaron por intereses y quizá hasta por cañonazos de 50 mil pesos, al menos esa es la duda y la queja de los principales fundadores de Morena en Puebla.
Hay un filósofo popular conocido como Juan Gabriel quien le dio fama a uno de sus temas denominado “Pero que necesidad”, y esa es la máxima que aplica en el partido guinda.
Y es que, en verdad, qué necesidad había de hacer de la elección interna un engrudo, y dejar a un lado cuadros tan valiosos y representativos como son los casos de Rodrigo Abadala y del senador Alejandro Armenta.
Algo huele a podrido, por lo que seguramente, en los próximos días, la Comisión Nacional de Elecciones incluirá a estos dos hombres y dos mujeres más para participar en la encuesta que determinará quien coordine los trabajos de Defensa de la Cuarta Transformación.
Los consejeros ejercieron sus derechos con base en sus intereses.
Le dieron la espalda al gobernador del estado, Sergio Salomón, jefe máximo de Morena en Puebla, un hombre que ha logrado enderezar el barco que dejó a punto de hundirse Miguel Barbosa Huerta.
Le dieron la espalda a su propio partido al hacer a un lado a uno de los aspirantes quien encabeza todas las encuestas desde hace más de un año, a Alejandro Armenta, y le dieron la espalda a sus principios.
Perdieron la oportunidad de hacer a un lado la politiquería y la verborrea que se ha convertido en bandera de gobierno en el país.
Son sectarios y convenencieros y reeditan las peores prácticas que en su momento llevó a cabo el PRI, y eso ya es mucho decir.
Se han convertido en una cofradía, siguen a pie puntillas la encíclica de la traición y la corrupción.
No son diferentes, son peores.






