Por Rubén Díaz Avelino
Hace unos días, un caballo tuvo que sr sacrificado tras ser atropellado por un automóvil que era manejado a gran velocidad en un municipio poblano, el cuaco tuvo que esperar más de 30 horas con su dolor, para ser atendido; tuvo que ser sacrificado para que dejara de sufrir.
También hace unos días, un agresor de “Huesitos” en la región de Tehuacán, recibió una sentencia de 11 años por las graves lesiones que le provocó a un perrito, sentencia que puede ser un parámetro, para que los agresores de animales, se lo piensen dos veces.
Un primer avance es que ya haya instancias que se encargan por velar por los derechos de los seres sintientes.
Un segundo avance, y más importante, es que en esas instancias no sólo pongan a personas que dicen amar a los animales, sino que quieran actuar de forma inmediata y defenderlos de los ataques y de las agresiones, sin pretexto alguno.
El enfoque sobre los derechos de los animales, a cambiado y esos cambios han trascendido de forma importante, pero no es suficiente, las instancias para garantizar el bienestar de los seres sintientes, deben tener el suficiente personal, y entre éstos, conocedores del derecho para que estas oficinas tengan brazos, manos, dientes y garras para castigar a los agresores de las especies.
Uno de los municipios considerados como de riesgo para los animales, porque incluso la anterior directora tiene denuncias por maltrato animal, es San Andrés Cholula, en donde la presidenta municipal tolera la agresión a los animales, a ella lo que le importa en realidad, son los votos.
Ese municipio tiene denuncias incluso en la Fiscalía General del Estado y de diversos ciudadanos, y es de conocimiento público que el sufrimiento animal, es otra de las mil 870 cosas que no le importan a esta edil mal lograda.
Antes se creía que los animales soportaban el dolor o no lo sentían, eran usados laboralmente con grandes cargas de trabajo y así se creía por siglos.
Tuvo que levantar la voz Immanuel Kant para sostener que los animales tienen derechos porque carecen de razón.
Sus argumentos, en el sentido de que los animales deben tener respeto, tomó fuerza desde finales del siglo 17, y así, poco a poco, hasta nuestras fechas.
No hace falta legislar ni endurecer leyes en favor de los animales, con que se aplique la ley vigente, y con que los gobiernos destinen más recursos para programas de esterilización responsable, para evitar la reproducción en las calles, y con ello, impedir su sufrimiento.
Ya hay muchos autores cuyo trabajo se centra en diversas especies, una forma de generar conciencia hacia los seres sintientes, pero insisto, hace falta que las instituciones destinadas a defender a los animales, atiendan quejas de forma inmediata, actúen rápido para salvarle la vida a seres en peligro y que tengan personal con capacitación legal suficiente para llevar los casos de maltrato, hasta las últimas consecuencias.
Huesitos ya es un ejemplo, la sentencia de 11 años de prisión a su agresor, ya es un parámetro, pero para que esto fuera una realidad, tuvo que intervenir incansablemente una asociación de animales, porque no se puede dejar a los burócratas una responsabilidad tan alta, que debe empezar desde la prevención misma.
Los movimientos animalistas crecen, pero no todos son genuinos, hay asociaciones que sólo utilizan la fachada del sufrimiento animal, para beneficiarse económicamente, porque han encontrado una forma de vida.
Ya en este espacio nos hemos ocupado de los violentadores y vividores a costa de los animales, y lo volverá a ser tema pronto.
Mientras tanto, hay que trabajar en que, a las instancias para la defensa de los animales, lleguen las personas idóneas, y no que sólo digan que aman a los animales.






