De acuerdo a una versión que se originó en una reconocida columna de El Universal, El Gran Diario de México, la Unidad de Inteligencia Financiera ya prendió los focos en un rojo muy intenso porque ya despertó dudas el origen de los recursos de los espectaculares que existen en Puebla, en favor de las llamadas peyorativamente “Corcholatas”, en lo general y en lo particular los espectaculares que ha colocado Nacho Mier en todo el estado.
Las investigaciones se centrarían, principalmente, en los empresarios Julián Ventosa Tanus, Rafael Posada Cueto, Rubén Contreras, Pedro Aspe Bernal y María Teresa Guzmán Carbajal.
Supuestamente estos empresarios son los que pagan los gastos de los acarreos, de los espectaculares, de bardas, de alimentos, de los autobuses, de las tortas, los refrescos y el pago que le dan a los “acarreados” en cada evento.
El proceso interno de Morena ha sido corrupción, corrupción y más corrupción, lo interesante es que la Unidad de Inteligencia Financiera no sólo investigue el recurso que supuestamente han aportado estos “empresarios de la política”, sino, que el recurso o parte del mismo, no tenga origen en el narcotráfico.
Y es que a nivel nacional el crimen organizado manda a sus anchas, tiene más presencia y fuerza que el gobierno federal, y sospechosamente el presidente de la República, Andrés Obrador, levanta sospechas al defender a los criminales de forma descarada, de visitarlos en sus propios bastiones o hacerles descaradas reverencias como a la mamá de “El Chapo”.
Quizá por esa razón, en Puebla nadie le hace caso al presidente en sus llamados de respectar la ley en los temas electorales, cuando el mandatario es un violador contumaz de las leyes.
Por ejemplo, de forma mañosa, delincuencial y abusiva, desde el jueves, los lambiscones de Claudia Sheimbaum empezaron a pintar miles de bardas con la leyenda, “Si te preguntan en la encuesta, Claudia Sheimbaun es la respuesta”, mientras ella hipócritamente hace un llamado en público a que sus colaboradores despinten las bardas.
Un ejemplo claro del presidente.
Por eso, el hecho de que la Unidad de Inteligencia Financiera empiece a investigar a estos empresarios, mercaderes de la política, es un buen principio.





