El pasado día 10 de julio, por alguna extraña razón, PROFECO decidió trabajar, según la dependencia federal, con base en denuncias ciudadanas, realizaron verificaciones en tres restaurantes localizados en el zócalo de Puebla y les dejaron caer la guillotina, sin el menor miramiento, y sin oportunidad de defenderse.
Las víctimas fueron Vitorio´s, Tres Gallos, Concert Hall La Leyenda, empresas a las que les aplicaron la suspensión de actividades por distintas razones que la dependencia consideró que afectaban a sus clientes, y porque aparentemente hubo denuncias ciudadanas de diversa índole.
Por su parte, los empresarios consideran que las medidas asumidas por PROFECO con las clausuras, es algo que no se había visto, al menos en la forma alevosa y ventajosa en que incurrió la dependencia federal.
Y tienen razón, porque por un lado asumen su compromiso con la legalidad y según información a la que RDNoticias tuvo acceso, sí hubo un intento de extorsión.
Buscaron hasta la última oportunidad los funcionarios de PROFECO, para motivar un arreglo fuera de la ley.
Sí PROFECO en verdad tenía oportunidad de clausurar algún hotel y restaurante, ese era el Royalti, en donde existe discriminación, acoso a los clientes para que su consumo sea elevado; si la clientela sólo desea consumir un café, les niegan el servicio y a las empleadas, por ejemplo, a las trabajadoras, les niegan el derecho a la Ley Silla, y permanecen hasta ocho horas de píe.
Y ahí, donde hay motivos para clausura, no las hubo.
En realidad, desde hace años, Profeco No realiza su trabajo.
Pero de pronto decidieron iniciar operativos en contra de los empresarios, los cuales, por cierto, tiene la piel muy delgada y la mecha muy gruesa.
Sin embargo, con cierta razón, arguyen proporcionalidad, y en parte tiene razón.
Hace falta que unos y otros tengan comunicación asertiva, mesas de trabajo y acuerdos para evitar medidas extremas.
Si en verdad, hubo razones suficientes para las sanciones, pues bien, hecho, pero si detrás de esto sólo se buscó el protagonismo en un afán de revivir a una dependencia que en realidad está muerta, pues muy mal.
Pronto sabremos lo que hay detrás de estas suspensiones o si se trató de un exceso oportunista.
Pero por encima de todo debe de existir diálogo y acuerdos, por el bien de Puebla y de los poblanos.





