Por Rubén Díaz Avelino
En las últimas semanas hemos visto marchas por aquí, marchas por allá y marchas hasta por allá.
Pero lamentablemente no hemos reparado en razones y resultados.
Recuerdo que uno de los principales personajes en torno a estas marchas, Lorenzo Córdova, dijo que la cultura como la democracia, es una construcción colectiva y evolutiva; no es una obra de un solo hombre ni de una sola corriente de pensamiento, y hablando de inteligencia y pensamiento, afortunadamente el estruendo de las marchas y las alabanzas, hubo espacio para la inteligencia.
Me refiero a la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, como un espacio privilegiado para el debate de las ideas, en donde precisamente, los escritores y pensadores consideraron que en el INE pueden mejorarse muchas cosas, pero no puede ser secuestrado, ni destruido, pues precisamente es de las pocas instituciones que han permitido el reconocimiento a nivel mundial como un pilar de la democracia que ahora, honestamente se encuentra en riesgo.
La intervención de los militares en casi todas las actividades, es algo peligroso para la democracia, tanto que la institucionalidad y la legalidad que tantas décadas nos costó establecer, se encuentran de rodillas, precisamente por gobernantes, quienes deberían proteger los derechos ciudadanos y las libertades; pero contrariamente los amenazan.
En vez de ejercer explícitamente atribuciones conferidas en la ley, promueven su imagen en una clara traición a los postulados de nuestra ya endeble y amenazada democracia.
Un ejemplo, Claudia Sheimbaun, ni se inmutó con la muerte de las 26 personas cuando se derrumbó el metro, le ha dado la espalda a las mujeres, le incomoda el tema de los feminicidios y es agresiva contra las madres que buscan a un familiar y aquellas que exigen justicia para un familiar asesinado por el crimen organizado o las madres que ven lentamente morir a su hijas e hijos con cáncer sin que haya la debida atención médica en la Ciudad de México, y todo esto se repite a lo largo y ancho del país, todas las horas, todos los días y todos estos cuatro años.
Pero la señora viaja gustosamente a los estados, donde carretadas de dinero se gastan en acarreos y eventos en una promoción evidente y cínicamente descarada que está fuera de la ley.
Ese es el país que hay, no hay otro, esas son las prioridades, el país necesita ser gobernado, pero no desde agresiones, burlas, ataques y confrontaciones mañaneras, un día sí, y otro también.
Algo se pudre, y no es el pasado, es el presente y es la historia misma del país.
Algo debe cambiar ya y de verdad, ahora sí, la responsabilidad es de los ciudadanos mexicanos, de nadie más.
El país no es un partido de futbol donde hay un segundo tiempo y una segunda oportunidad, y menos es un partido de beisbol, donde hay nueve entradas, México no es una dictadura, no puede serlo, evitémoslo ahora mismo.
Es cuánto.






