El día de ayer se llevó a cabo la elección judicial y lo más evidente, en primer término, fue el rechazo del poco más de 90 millones de electores; menos del 10 por ciento participó.
En columnas anteriores afirme que difícilmente, este lamentable espectáculo electoral, iba a llegar al 10 por ciento de participación, y no me equivoqué. Nunca me equivoco en este tipo de análisis políticos y de estudios comparados.
Pero fue útil para tener el pulso político de la realidad mexicana.
Sólo una ocasión he coincidido por el senador Fernández Noroña, y fue cuando denunció infiltración de la elección judicial, por al menos unas 60 personas con vínculos al narco, a la delincuencia, a abusos y excesos, y quienes pretendían con tener un cargo en el sistema judicial mexicano, para poder satisfacer sus insanos intereses.
Y tuvo razón, en esta elección se demostró que sólo un grupo de poder secuestró la elección con acordeones, con pagos por el voto, y con las peores prácticas antidemocráticas que literalmente, el INE estímulo.
La elección de ayer, también fue útil para evidenciar a arribistas, oportunistas e incongruentes, quienes no buscaban una práctica democrática, sino defender una forma de seguir viviendo del poder.
Hubo situaciones de descaro, como el hecho ocurrido en la junta auxiliar de Santa María Moyotzingo, perteneciente a San Martín Texmelucan, en donde un grupo armado se llevó las 500 boletas y amenazaron de muerte al presidente de casilla, y posteriormente las regresaron, una vez que las utilizaron para llenarlas y torcer la voluntad de quienes iban a participar.
Este caso fue ilustrativo de lo que en verdad sucedió en esta elección, en la que no hubo conteo de los funcionarios de casilla, tampoco se colocaron sábanas de los resultados y mucho menos hubo una cadena de custodia como garantía de que se iban a respetar los resultados.
Hay que destacar la resiliencia de quienes no participaron y se mantuvieron estoicos ante todas las prácticas ilegales que se presentaron y que le ponen una pistola a la cabeza de la democracia del país.
Al medio día había casillas que no habían abierto, en otras, no llegaron los funcionarios de casillas, en su gran mayoría, de forma descarada, los participantes llevaban un acordeón, fenómeno delincuencial que sucedió en lo general.
De hecho, había más personas en las paradas del transporte público, que, en las casillas, y eso que era un día de asueto.
Para dimensionar el fracaso, hay que citar que incluso hubo una candidata a juez, quien no votó por ella misma, por una sencilla y simple razón. No votó, porque está en la cárcel.
Así de brillantes los filtros.
Sólo votaron, una de cada 10 personas.
A partir de este dato hay que analizar como ciudadanos, si esta elección es legítima, o ilegítima.
El ciudadano tiene la última palabra.
Estos son otros datos, los datos reales.






