Bitácora

Fernando Abraján

 En el Partido Acción Nacional en Puebla los militantes están conscientes de que su partido está bien dividido, pero sostienen que es mejor vivir estos tiempos de tal modo para que estén listos rumbo al 2024, en donde el factor de unidad –que está muy lejana por ahora- deberá ser el elemento fundamental para obtener el triunfo en las urnas.

La elección de la dirigencia del PAN poblano aún no ha concluido y tampoco hay fecha para cuándo ya que los apasionamientos y las divisiones hoy tienen al ejercicio en los tribunales.

A esta fecha, hoy lunes, aún no hay un ganador definitivo o por lo menos con una constancia en la mano que acredite su triunfo, por lo que esta indefinición también es un ingrediente que mantiene en vilo quién es o quién será quien dirija los destinos panistas.

Para nadie en la política camotera le es desconocido que las condiciones que vive el PAN son favorables de cara a la renovación de la gubernatura, de las alcaldías, las diputaciones locales y federales, pero también es evidente que ese botín de candidaturas es la principal razón de que el albiazul hoy viva momentos incómodos de tensión y disputa por el control del mismo partido.

El partido está dividido por la mitad y los enfrentamientos de los grupos internos van para largo. Más allá de los puros y castos o neo-panistas o arribistas, lo que deberán privilegiar en el corto y mediano plazo es la unidad si quieren conservar las amplias oportunidades de recuperar la máxima joya de la corona: Casa Puebla.

Pero mientras llegan los tiempos electorales rumbo al 2024, por ahora los panistas están centrados en quién tendrá el control del partido: si será Augusta Díaz de Rivera como ya se ha cantado a los cuatro vientos pero que hasta el momento no tiene nada que así lo acredite, o si será Genoveva Huerta que mantiene su interés de seguir dirigiendo a los militantes azules al grado que ya acudió a los tribunales partidistas y federales y hoy tiene impugnada la elección del 14 de noviembre.

Algunos líderes del panismo están contentos con el escenario que viven porque a su juicio se mandan señales de un partido vivo, un partido que tiene activismo y movimiento, que es un instituto político que vive intensamente sus procesos internos con apasionamientos como era en antaño.

Los mismos líderes panistas saben que está en juego no solo quien dirigirá el partido: Genoveva o Augusta o a quienes representan, si no lo que de verdad vale la pena es saber quién controlará el partido porque quien lo logre tendrá en sus manos las definiciones de candidaturas del 2024, es aquí en donde realmente está el estira y afloja.

Esos mismos liderazgos saben que el PAN está dividido en dos bandos: entre la militancia metropolitana que quiere a una mujer que nadie conoce en el interior del estado y la militancia estatal que quiere a otra mujer cercana a ellos, pero que no está en las simpatías de los panistas del centro. ¡Vaya dilema!

Pues mientras resuelven sobre su futura dirigencia, los panistas que están más allá del bien y del mal, que están más allá de los grupos, se pronuncian por una líder capaz de calmar los ánimos de confrontación y de reagrupar en torno a la unidad, pero que también sea hábil para negociar las alianzas y sobre todo las candidaturas rumbo al 2024. ¿Quién de las 2 opciones podrá hacerlo o al menos tiene el beneficio de la duda? ¡Pronto se verá!

 

Comentarios, opiniones, críticas y todo lo demás lo recibo en ferabrajan@gmail.com y en Twitter @ferabrajan1 Facebook: Noticias con Fer Abraján

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