El líder del cartel más poderosos del mundo, morirá en la cárcel.
Así terminan los días de una leyenda negra en un país en donde el crimen y la violencia parecen normales, y precisamente, lamentablemente, son normales.
Miles de millones de dólares, que compro la justicia por cuatro años, literalmente se quebró ante la justicia estadounidense.
Lo más digno, es que el narcotraficante hubiera sido capturado por autoridades mexicanas, en su propio país, en donde causó tanto daño y fue un factor determinante, para hacer del narcotráfico un negocio trasnacional.
El capo vivió una impunidad increíble durante varios sexenios, pero en el anterior, el de Andrés Manuel López Obrador, vivió la era de mayor esplendor, a grado tal de imponer junto con AMLO, al gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya.
Lo obvio ya no se puede ocultar.
No es justificación, pero es una explicación.
En los anteriores sexenios, los del PRI y el PAN, nadie puede llamarse a sorprendido de que la pasividad de las autoridades y de los gobiernos en turno, también eran complicidad.
Todos se beneficiaron, por eso nadie lo detenía.
Pero esos códigos de tolerarlo y beneficiarse con su actividad delictiva, se institucionalizaron en los últimos ocho años.
Literalmente cohabitaba con el gobierno, y en sí, gobernaba a trasmanos.
Ahora es una leyenda negra, en realidad, un ejemplo para quienes aspiran a lo mismo.
No es casualidad que los dos símbolos del narco, él y el Chapo Guzmán, ya se encuentran a buen recaudo.
Y lo mejor de todo, aunque se mantenga en secreto, ambos ya están hablando.
El líder que se manejó en bajo perfil, se enriqueció por años, pero también enriqueció a muchos.
El hombre que construyó un imperio del mal, también creó cientos de empresas para lavar dinero.
Ahora lo que viene, con esos dos narcos, y otros cien que han sido entregados, además de los dos que se fueron a entregar recientemente, y que eran cómplices de Rubén Rocha Moya, es que caigan los que se beneficiaron, sobre todo en los últimos siete-ocho años.
Va a ser divertido, ver cómo irán cayendo todos y cada uno de los integrantes de la estructura paralela de funcionarios federales, estatales y municipales, que recibieron recursos para hacer posible la operatividad del negocio maldito del narcotráfico.
La verdad, me voy a divertir mucho, en las próximas semanas, meses y años en que caerán, porque esto ya no lo para nadie.
Creo, fervientemente, que para el 2027, muchos no van a llegar a ver como una realidad las aspiraciones que ahora presumen.






