Por Rubén Díaz Avelino
No es novedad, pero los diputados locales que tenemos, sólo cusan vergüenza y pena ajena.
La palabra diputado, parece ser sinónimo de flojo, gandalla y vividor.
Y no sólo es culpa de las personas votadas como diputados o diputadas.
También es culpa de las personas que votan en cada elección.
Por eso no es casualidad que hace unos días, las diputadas Nay Salvatori y Grace Palomares, lanzaran dichos y agravios contra adultos mayores.
Lamentable porque las carreras de las dos diputadas fueron impulsadas por hombres, precisamente mayores.
La carrera de Nay Salvatori fue impulsada por el exgobernador, Miguel Barbosa, “El 15 uñas” quien ya se encuentra a buen resguardo, falleció.
Lo que deberían de estar abordando estas legisladoras, es una iniciativa que garantice mayor sensibilidad a este grupo poblacional.
En vez de analizar de forma responsable el tema del edadismo, utilizan la discriminación y el perjuicio y burla con base a la edad de una persona.
Los diputados, cuando no son señalados por excesos o abusos, son objeto de señalamientos por faltistas.
Algunos sólo se aparecen por sus curules para guardar las apariencias y tratar de torcer las realidades.
Los 41 diputados, sin excepción, del Congreso del Estado de Puebla, utilizan su cargo para enriquecerse, hacer negocios y vivir en el dispendio y la frivolidad.
Los diputados, no son conocidos por su trabajo, es lamentable, pero es cierto.
Y es indignante porque ganan bien.
Sólo de su sueldo, ganan unos 50 mil pesos al mes, por hacer nada.
Y aparte reciben un apoyo de otros 50 mil pesos por hacer menos.
La mayor carga laboral que padecen, es levantar el dedo para aprobar leyes que no proponen ellos.
Lo que, si saben hacer, es viajar, comer en restaurantes caros y adquirir accesorios, joyas y ropa de marca.
Si usted busca a un legislador, no tiene que ir al Congreso del Estado; puede ir a los restaurantes de moda, los centros comerciales del momento y en tiendas de joyería.
También en una que otra cloaca, pero no le recomienda que los busque ahí.
En verdad, como ciudadanos tenemos a los 41 diputados que nos merecemos, porque al momento de ir a votar, el elector no analiza de forma inteligente la conveniencia social, sino la torta o el frutsi que les dan en las campañas políticas.
Una sombrilla, un lonch o un cilindro es lo que más recibe la gente por su voto.
La sociedad ha perdido el derecho a reclamar porque termina siendo cómplice de los legisladores.
Al aceptar dádivas o regalos en tiempos de elección, la sociedad renuncia a su derecho a reclamar servicios y seguridad, en sus comunidades, porque el voto ya les fue pagado.
Si la sociedad quiere buenos legisladores, debe votar en conciencia, como adultos mayores, que entienden las consecuencias de votar por uno u otro candidato en los tiempos electorales.
No sólo los diputados tienen la culpa.
La culpa también es de la sociedad.





