Bala perdida, sociedad extraviada
Por Rubén Díaz Avelino
El lunes de la semana pasada, una mujer iba a bordo de su camioneta, con sus dos hijos en la parte trasera, sobre Camino Real a Cholula, y cuando entró al carril para incorporarse al Anillo Periférico, su camioneta recibió un balazo y la bala entró por el cachete de su hijo de ocho años y se alojó en la mandíbula.
Al parecer se trataba de una bala perdida, o al menos esa es, hasta ahora la única versión que se tiene sobre ese hecho.
El menor es estudiante del Instituto México, de donde había salido junto con su mamá y su hermano cuando se dirigían a su casa y sucedieron los hechos muy lamentables.
Afortunadamente, un hombre auxilió a la madre del lesionado y los llevaron de inmediato al Hospital La Paz, y poco después, el menor fue trasladado al Hospital Ángeles.
El niño aguantó el balazo, la libró, pero literalmente la muerte lo saludó.
Y no se sabe nada.
Las autoridades no han dado a conocer nada sobre estos hechos, y por lo mismo no se sabe si la versión de la bala perdida es lo que pasó, o si hay un loco disparando a los automóviles a diestra y siniestra.
También la semana pasada, le robaron las cuatro llantas a un politiquillo, Nacho Mier, en una plaza comercial cercana a la caseta de cobro de Atlixco.
Al otro día, hubo un mega operativo en la calle de la 46, a donde venden auto partes, y según la tradición poblana, si te roban alguna parte de tu coche, vas a la 46 y compras tu misma autoparte, son problemas, ni duda cabe.
Con el niño que recibió un balazo, ni una reacción, con el robo a las llantas de un político, un mega operativo.
Acaso hay ciudadanos de primera y de segunda clase, porque no se actúa de la misma forma con una ciudadano común y corriente y también de la misma forma cuando un politiquillo es víctima de la delincuencia.
Qué indignante, que vergonzoso, una bala perdida revela a una sociedad extraviada, lamentablemente esa es nuestra realidad, y también, lamentablemente eso es lo que merecemos por las decisiones que como sociedad asumimos, estamos parados exactamente en el punto de partida de la descomposición social.





