Desde los tiempos de la Reforma Universitaria, el Consejo Universitario en turno representaba el espíritu de la autonomía universitaria, su arraigo social era determinante y una voz de autoridad, siempre del lado de la sociedad, de la razón y de la inteligencia, lo que en la actualidad es extraño en la BUAP.
Con el tiempo, el Consejo Universitario de la BUAP, se ha desvalorizado y su lugar en la sociedad se ha rezagado, esto desde las rectorías que encabezaron en su momento rectores como Enrique Doger Guerrero y Alfonso Esparza Ortiz, lo que hizo urgente una reforma universitaria acorde a los tiempos actuales y para recuperar un poco el terreno perdido en la sociedad.
En cada conformación del Consejo Universitario, los miembros integrantes hacen un juramento para defender su universidad y la autonomía.
En consecuencia, los egresados ya no tienen garantizado un lugar inmediato en el ámbito laboral, productivo y transformador.
Y no es casualidad, la BUAP ha disminuido su nivel educativo, la disciplina y el respeto.
Pero eso no es todo, hay otros renglones en los que la máxima casa de estudias se ha rezagado, como en las competencias deportivas, pero también en situaciones más graves, como en el ámbito laboral.
Actualmente, la falta de arraigo social de la BUAP, ha orillado a la universidad a ser una deudora laboral, con pagos pendientes de los derechos de los trabajadores universitarios.
Lejos de reconocer el esfuerzo diario de su base trabajadora, les ha esquilmado derechos laborales y derechos humanos, por citar un ejemplo, en un intento por adelgazar la nómina, han recurrido a contratar empresas que realicen labores sustantivas con sus propios trabajadores, en tareas con alta responsabilidad como es el personal de limpieza y de vigilancia.
Los últimos eslabones no sólo han enfrentado la disminución de sus derechos laborales y por lo mismo ya no tienen los mismos beneficios que el personal empleado directamente por la universidad.
Incluso, para combatir los derechos laborales y humanos, la BUAP recurre al terrorismo laboral de un cretino de nombre Caritino Bravo Tlapatelpa.
Y quizá por un poco de vergüenza, la BUAP lo oculta para cuidar su imagen como la principal institución educativa, pero cuando se trata de evadir obligaciones de pagos laborales por laudos y sentencias, el cretino de Caritino se hace presenta en la Junta Local de Conciliación y Arbitraje y en el Tribunal Laboral, con quien tienen un pacto patronal para impedir la justicia a los trabajadores universitarios.
Pero eso no es todo, la propia universidad va en contra de su espíritu de anteponer los derechos de los alumnos y alumnas y un caso ejemplar es la impunidad de la que gozan acosadores sexuales quienes no tiene castigo, aún y cuando las víctimas presentan demandas ante la Fiscalpia General del Estado, que, como el caso de la Junta Local, la instancia impartidora de justicia es social de la BUAP para evadir castigo a los responsables.
En lugar de justicia, la BUAP habilitó mañosamente un área específica para “atender” el acoso laboral, pero la realidad es que dicha instancia fue diseñada, no para prevenir este tipo de casos, y tampoco para empujar su castigo, sino para administrar el daño y evitar el golpeteo a la imagen de la BUAP.
Todo lo anterior no es responsabilidad de la actual rectora Lilia Cedillo Ramírez.
La rectora, hay que reconocerlo, es de buena voluntad y mejor corazón, pero la BUAP no es el mundo de Alicia en el País de las Maravillas, sino un ente con miles de universitario y trabajadores, que quieren desarrollo, pero en un ambiente positivo que les garantice paz y justicia.
Para eso se requiere carácter y contra los abusos laborales y el acoso sexual, mano dura e implacable.
Alguien debe decirle a la rectora que el reconocido jurista mexicano, Ignacio Burgoa Orihuela, insistía siempre en un lema “Lex dura Lex”, La Ley es dura, pero es ley.
En otra ocasión abundaremos en los casos de negocios y corrupción que existen en la BUAP.
Mientras tanto, la autonomía universitaria y el Consejo Universitario están en oferta, a la venta al mejor postor.
Lamentable y horroroso.






