Luego de dos sexenios de terror, persecución y corrupción que vivió Puebla con Rafael Morreno Valle y cuatro años de Miguel Barbosa, los dos años del gobierno de conciliación de Sergio Salomón, fueron suficientes para que la llegada y comienzo de Alejandro Armenta tuviera su propio sello, el de la justicia y la ley.
Y una de las acciones más importantes fue el reciente megaoperativo Ciudad Serdán, Tlachichuca y San Nicolás Buenos Aires, donde gobernaban los tres hermanos Vieyra.
El gobernador demostró que no importa lo cercanos que puedan ser al poder; si alguna autoridad comete errores o delitos, se le aplica la ley.
Los cacicazgos en el país, fueron una forma de gobierno de principios de siglo, pero en la actualidad, al menos en Puebla, ya se demostró que deben frenarse.
En Coyomeapan, Eloxochitlán y Nauzontla, no cantan mal las rancheras, sobre todo si son tonadas del siglo pasado. Ahí gobiernan, los Celestino, los Hernández Hernández, y la familia Reyes Cabrera, respectivamente.
Y otra familia de caciques y arrieros se encuentra en Venustiano Carranza, en donde Marco Antonio Valencia Ávila busca la presidencia municipal, en donde ya han sido alcaldes sus hermanos, Rafael, Vicente y Jorge Alejandro,
Sin contar la diputación de Erika Patricia Valencia Ávila.
Ahí en Venustiano Carranza, este domingo, el propio ex candidato al gobierno del estado por el PAN, Lalo Rivera, reconoció que los peores problemas del municipio son la falta de agua y el deficiente servicio para el suministro del vital líquido.
Pero le faltó aceptar otros flagelos como la creciente inseguridad, tanto por el huachicol, y huachigas, el tráfico de drogas, levantones, desapariciones, ejecución de policías y falta de empleo.
Lo que no dijo Lalo Rivera ayer, en la plaza pública de en un mitin de apoyo a Marco Valencia, es que todos estos males han aumentado en el reinado del clan de los Valencia Ávila.
Marco y sus hermanos, siempre han estado ligados a ordenes de aprehensión, su candidatura está marcada por estos antecedentes y generar desconfianza en la población.
Con Marco Valencia no hay ni una sola garantía de las cosas cambien. Su administración se verá influenciada por los problemas legales de su familia.
En los últimos tres años, Marco no ha desempeñado un cargo público ni privado visible que justifique una forma honesta de vivir, está demás cuestionar el río de dinero de su campaña.
Con este historial y el de su familia, su campaña sólo garantiza la continuación del cacicazgo y todos los males que el clan Valencia Ávila representa.






