Fernando Abraján
Lo que parece que es noticia, en realidad no lo es. Lo que hemos visto en días recientes solo se trata de la inclusión oficial de personajes en la temporada de un reality de la política conocido como “Yo también quiero la alcaldía”.
El presidente municipal de Puebla, José Chedraui por fin dijo que sí quiere repetir. Gabriela “La Bonita” Sánchez ya levantó la mano porque también quiere, incluso hasta renunció a su cargo público.
Además, el diputado federal Alejandro Carvajal también dijo presente, sí, otra vez y la secretaria del Bienestar, Laura Artemisa García Chávez, más reservada, no dijo que no y sigue en la fila porque esperará la convocatoria de Morena para decidir si compite por Puebla capital.
Ah, pero el pronunciamiento de la secretaria puso un elemento muy interesante sobre la mesa: antes de aspirar hay que revisar resultados y trabajo. ¡órale! Con esas palabras, lo que en realidad dijo fue que para “gobernar” una ciudad primero habría que demostrar que se sabe hacerlo. El planteamiento parece sencillo, pero en política a veces hasta lo obvio es elemental.
Al momento son cuatro nombres, pero solo hay una candidatura. Y seguramente la lista todavía crecerá porque en Morena las puertas no están cerradas. El mismo gobernador Alejandro Armenta afirmó que no limitará las aspiraciones de nadie. La libertad para aspirar está garantizada. Pero de cara a la elección de sus coordinadores de la defensa de transformación (candidat@s) hay que recordarle a Morena que no basta con ser popular o ganar encuestas.
Puebla capital no es un municipio menor. Tiene al menos 1.7 millones de habitantes, según el censo 2020 del INEGI. Gobernar la ciudad no se trata de administrar una oficina. Aquí se administra seguridad, servicios, movilidad, infraestructura, agua, alumbrado, mercados, juntas auxiliares y una ciudad con problemas más grandes que cualquier campaña publicitaria o estrategia para ganar la nominación.
Por eso y más razones, el debate en Morena y otros partidos no debería reducirse a quién tiene más simpatías o quién es más conocido, sino quién tiene las cartas credenciales para ser edil de la cuarta ciudad más importante de México.
Morena ya tiene un antecedente que debería estar presente en su memoria. En 2021 perdió Puebla capital y otros municipios de la zona metropolitana después de que los gobiernos morenistas que llegaron con la poderosa marca, no pudieron conservar el respaldo ciudadano porque su nula experiencia los hizo decepcionar al respetable. La lección fue clara: la marca ayuda, pero no gobierna sola.
Las y los aspirantes podrán levantar la mano y esperar la convocatoria. También podrán solicitar licencia y recorrer colonias. Hasta podrán aparecer en encuestas, pero al final habrá una pregunta incómoda para tod@s: ¿Qué resultados pueden presumir?
Ese debería ser el verdadero filtro y no solamente quién quiere; sino quién puede explicar con hechos por qué quiere y para qué quiere ser alcalde de Puebla.
Para aparecer en la boleta basta con tener aspiraciones, luego convencer y ganar la elección, pero para gobernar Puebla capital se necesita más que eso; se necesita saber quién es capaz con base en resultados y eso lo van evaluar los electores.
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