Por Rubén Díaz Avelino
Como ya pasó una semana del descubrimiento de una granja de criptomonedas ocultas en un lugar casi secreto de las montañas del municipio de Jopala, en la Sierra Norte del estado, hay que tocar el tema para que no se quede en el olvido, porque el olvido es la nueva impunidad de la nueva mafia del poder.
Y es que el silencio en este país, ya no sólo es cómplice, sino garante de la impunidad y lo más parecido al silencio de las coas que no quieren que se sepan, que se digan y que se comenten. Es de esas cosas que el gobierno federal mantiene en silencio, detrás de perversas cortinas de humo y de acciones policiacas que se llevan a cabo por presiones de Estados Unidos, pero sin detenidos, para que no haya quien escupa para arriba, en donde se encuentra la verdadera delincuencia y la verdadera nueva impunidad.
Este tema de las criptomonedas, obviamente, está ligado, a los cárteles de las drogas y a alguien en la política, porque así funcionan las cosas desde hace ocho años y el huachicol es el reflejo y modelo más fiel de que en los negocios de la narcopolítica, “nadie se tiene que meter”.
Hay quienes tocan el tema de las criptomonedas, pero con una intensión de lavarle la cara a sus amigos, a sus protegidos a sus financiadores y sólo se limitan a culpar a la oposición, como si la oposición tuviera la mínima capacidad de hacer algo así, pero la lana es la lana.
Y en esa obediencia, los tecleadores a sueldo, olvidan algo, el negocio de la granja clandestina de las criptomonedas está financiado por el narcotráfico para blanquear recursos, y entonces terminan redactando al servicio del narco, que indirectamente paga sus lujosas instalaciones.
En los delitos pactados o tolerados por el gobierno federal en favor del narco, no hay detenidos, para que no haya involucramientos en dos vertientes: los narcos que financian estas actividades ilícitas y los funcionarios o políticos que les brindan protección e impunidad, y periodistas que pretenden lavarles la cara a ambos.
Y es que alguien de la Comisión Federal de Electricidad y de lo que fue Luz y Fuerza del Centro, que predominan en la región, esta metido hasta el tuétano; nadie puede instalar casi mil equipos, sin que nadie se percato del jalón de energía y del enorme zumbido que genera un consumo así, y que se escucha en un radio mínimo de 500 metros o máximo de mil metros, sobre todo en la zona montañosa en que fue encontrada la granja clandestina, en donde no hay ni 20 casas alrededor.
O, apoco nadie se percato de las 300 unidades de procesamiento gráfico (CPU), de cien terminales de media tensión y de casi 10 antenas satelitales, así como unas 700 cajas de registro de energía, para la creación de las unidades de moneda virtual.
Obviamente, si en verdad existiera lo mínimo de intensiones para investigar el asunto, ya deberían de estar investigando a por lo menos cinco alcaldes de los municipios aledaños a Jopala.
O, a poco no sabían los diputados locales o federales por esas demarcaciones.
O sabían, pero están bien metidos con el cártel del narcotráfico que instaló la granja para el blanqueó de recursos mediante las criptomonedas.
Y que raro, ni un detenido, para que no diga nada ni escupa arriba, no sea que vaya a salpicar a los machuchones de la política, a los de la nueva mafia del poder y a los que les brindan protección a los narcos.
El problema no es que sea un tema fortuito, o aislado, en la zona ya se han detectado tres granjas de criptomonedas, y seguramente hay más, porque la propuesta entre narcos y funcionarios o políticos, es muy fuerte, y les urge lavar dinero mediante este tipo de operaciones clandestinas.
Pero no hay detenidos, ni los habrá, porque la maquinaria de la impunidad para que no haya detenidos y con eso se garantice que nadie hable, es una conducta natural de estos grupos criminales que operan en Puebla.
Será como la Barredora de Tabasco, nadie dice nada, o como en el huachicol fiscal, detienen a dos operadores y los jefes de jefes de la nueva mafia del poder, ni son llamados, ni son nombrados.
Y como ya estamos con las elecciones en puerta, pues menos.






