Hace unos días, la presidenta del DIF, Gaby Bonilla rindió su último informe de actividades que marcaron un beneficio social en favor de los más desprotegidos.
Las niñas, los niños y los adolescentes.
En todos los gobiernos, hay obras sociales que no se ven, pero marcan para bien la vida y la trayectoria de las personas y de las familias.
Gaby Bonilla llevo a cabo una labor humana, sensible como no se había realizado en el estado desde hace muchos años.
Un ejemplo de las obras que sí se ven, es la inversión en la rehabilitación de la Casa de la Niñez y de los adolescentes.
Pero hay mucho más detrás de esa inversión y del dinero.
Hay comprensión, sensibilidad y fortaleza, pero no sólo para el momento, la atención y el trato, sino en la siembra de la semilla de la esperanza en cada una de las vidas de quienes reciben atención y beneficio.
Cuántas niñas, niños y adolescentes, han sido salvados de las posibles tragedias que los acechaban en su futuro, cuántos de ellos fueron alejados y salvados de situaciones de calle, de drogadicción, de prostitución y trata de personas.
No lo sabemos, ni siquiera los sospechamos.
Pero cada uno de los casos que fueron salvados de ese tipo de flagelos, son casos de éxito, de trascendencia y de relevancia.
El trabajo del patronato del Sistema DIF estatal, Gaby Bonilla, no es un asunto de oportunidad o de coincidencia, de hecho, ella desde que acompañaba a su esposo, Sergio Salomón Céspedes Peregrina, cuando el recorría el distrito de Tepeaca en donde posteriormente fue diputado.
Pero en ese tiempo, Gaby Bonilla se interesaba por el bien y el beneficio de las niñas, de los niños y los adolescentes, pero también de las madres de familia.
Ella sabía, desde ese lejano 2013, cuando tuve la oportunidad de conocerla, que, en el municipio de Nopalucan, la escolaridad promedio era de las más bajas del país, pues la deserción escolar se dejaba sentir en el cuarto año de primaria.
Y también se percató que niñas aún de 14 años de edad, ya enfrentaban la temprana experiencia de la maternidad.
No me atrevo a decir que eso la marcó, y marcó su labor y su vida, para entregarse en cuerpo y alma a atender a las niñas, los niños y los adolescentes en una labor y un compromiso humano, sin recibir pago alguno a cambio.
Eso ya es mucho que decir, pero aparte ahí están los resultados.
Creo que el peso de Gaby Bonilla no se refleja sólo en su actividad, sino en la de su esposo, el gobernador Serio Salomón, quien le ha dado a su gobierno un estilo sensible que ha hecho olvidar los malos gobiernos que lo antecedieron.
Está muy claro que la atención a la niñez es lo prioritario en su trabajo, pero también en su vida.
Y no es coincidencia que la gente apele al corazón y al latido del pulso sensible de Gaby Bonilla.
Y fiel a su estilo, lejos de recibir el reconocimiento para sí misma, cedió a su equipo de trabajo el agradecimiento con el que fue reconocida al lograr los objetivos planteados.
Hoy, las niñas, los niños y los adolescentes, también pueden decir misión cumplida.
Nobleza obliga.





