El zócalo de la Ciudad de México fue el epicentro de la exigencia de un grito desesperado de miles de mexicanos quienes exigieron “Democracia sí, Obrador no”, y en eso se caracterizó la marcha de la marea rosa de este 18 de febrero en que nuevamente miles de mexicanos salieron a las calles a exigir que no se atente contra sus derechos ni se pongan en riesgo elecciones las elecciones de éste 2024.
Los participantes también exigieron respeto por parte del presidente a quienes no piensan como él, y respeto a las instituciones autónomas que trabajan todos los días por la transparencia, pilar de la democracia para un México mejor.
Lo que une a esta marcha, son las ofensas y agravios del presidente que vive en el principal palacio del país, y de ahí no sale, pero todos los días utiliza el máximo púlpito para ensuciar la convivencia y dividir al país entre quienes están con él, y los que no están con él, verborreas que todos los días causan polarización.
Las elecciones federales para cambiar al presidente son el próximo 2 de junio, pero esta marcha se organizó a dos semanas del inicio de las campañas electorales, y exigen que el presidente se mantenga al margen de la contienda, que no haga intentos desesperados por hacer lo posible porque gane su “corcholata”, Claudia Sheinbaum, una mujer que busca la presidencia por Morena, pero que prácticamente es un títere del presidente de la República, quien la denigra al llamarle “su corcholata” como si la mujer no tuviera inteligencia y raciocinio propio; un instrumento para prolongar su principado.
Los participantes no fueron muchos, sólo unos 700 mil, pero la suma de todos los participantes en más de 120 ciudades del país, suman millones, quienes piden que no haya un fraude a favor de la candidata del oficialismo, de un político que reconoce los triunfos solo cuando le favorecen.
Fue una marcha que puso de manifiesto el rechazo a la actitud de un presidente, un mandatario ofensivo y rencoroso.
Exigieron que finalicen los ataques en contra de instituciones y organismos que son agredidos por el mandatario, sólo porque no están bajo su control y obediencia, como le gusta a él, y como le ha gustado siempre a los dictadores.
Pidieron el fin de exabruptos y arranques de talante autoritario de un mandatario que no está dispuesto a que existan pensamientos distintos a la retórica que dicta desde las “Mañaneras”, un sistema propagandista mediante el cual pretende justificar su trabajo como mandatario.
Y no faltaron los gritos de alcance mundial: “Narcopresidente”, el representante de la dictadura de Morena y del poder del narcotráfico detrás del gobierno que sólo tolera al crimen organizado.







