Luego de casi un año de disputas políticas y de intrigas de sangre, los primos Alejandro Armenta Mier e Ignacio Mier Velazco tuvieron un encuentro y fue fraternal, al menos se vio sin cero, no sólo se saludaron, juntaron sus cuatro manos e hicieron un compromiso público.
Los primos están entrados y convencidos de abonar sus fuerzas políticas, que las tienen, en aras de una estrategia política para abonar en beneficio que los une, el proyecto político de Morena, con miras a la elección del 2024.
Sin menoscabo a sus aspiraciones y a sus buenas y mejores intenciones, como políticos de altas miras, el artífice de la sanidad a las heridas políticas y las lesiones en redes sociales y múltiples ruedas de prensa, es logro de otro hombre.
El tercero interesado no es otro que el líder político, no sólo de Morena, sino el líder político de todo el estado, el gobernador de Puebla, Sergio Salomón.
Sin afán de insistir, en este espacio se ha dicho y se ha conformado que el mandatario ha impuesto su estilo personal de gobernar.
No es la primera vez que Sergio Salomón antepone la unidad, no sólo en su partido, Morena, sino en la estabilidad social, política y económica, lo que le ha dado el liderazgo del que goza.
Hay quienes se lamentan que Sergio Salomón sea gobernador de sólo dos años; debió gobernar un sexenio, pero las circunstancias así establecieron ese mandato.
Con ese tipo de estrategias, la unidad en Morena es garantía y el problema que había entre los primos, ahora es para la oposición, específicamente para Eduardo Rivera, cuyas esperanzas de ser gobernador, estaba en una fractura de proporciones bíblicas en Morena, pero después de esta unidad que refrendan los primos, en realidad, Lalo Rivera la tiene muy difícil.






