– Impide derecho al aborto legal en Puebla por doble cara de diputados.
Por Rubén Díaz Avelino
Foto: Gran Angular
Crónica de la alegría y la libertad
Una vez más, al grito de guerra con motivos como banderas, listones y pañuelos verdes, las feministas exigieron ante el Congreso del Estado que los diputados asuman su responsabilidad de despenalizar el aborto, como lo piden en cada marcha que han realizado en las calles de la capital poblana.
Las jóvenes, al canto de “aborto sí, aborto no, eso lo decido yo”, caminaron y celebraron el Día de Acción Global por el acceso al Aborto Legal y Seguro en el estado, como sucede en otras entidades y en otros países del mundo.
Frente al Congreso del Estado en su estado más retrogada y persignado, como las chicas le llamaron, hicieron el planteamiento en forma de un grito de exigencia que hace eco todos los días en todos los rincones de Puebla, y lo escucha una sociedad, menos la autoridad, menos los diputados y menos la iglesia.
Los diputados que tiene su propia Santa Inquisición, parecieran colocar la letra escarlata a las demandas y exigencias, pero temerosos cierran las puertas y les colocan refuerzo por dentro, y por fuera granaderas con uniforme y equipo táctico como si fuera a retemblar en sus centros la tierra.
Pero no, las jóvenes marchan alegres, libres, empoderadas y con la razón que a cada una de ellas le asiste al definirse mujeres, feministas, dueñas de sus pensamientos, de sus temores y sentimientos, todos, representados en sus cuerpos que avanzan en movimientos de danza y de fuerza y de alegría.
Su alegría provoca miedo, su canto aumenta la preocupación en la clase dominante gobernante que se niega a darse cuenta que en realidad son ellos, quienes gobiernan y hacen las leyes, la parte más insignificante de la sociedad.
Pero de dientes para afuera creen en verdad, ser la conciencia de un pueblo, los guías de las ovejas, los pastores de su propia iglesia y los dictadores de su propia encíclica.
Mientras, las jóvenes, siguen enfundadas en su alegría y en su libertad, empuñan y abrazan en sus manos un arma mortal que en estos tiempos y en estos lados no es otra cosa que la amenazante y peligrosa libertad.
¡Son en verdad eso, la conciencia del pueblo?
¡No lo son¡
Parecen responder con sus cantos y sus danzas las mujeres que se atreven a empuñar el arma de la libertad.
Ellas liberan en el nombre de todos, en tu hermana, en tu madre y en tu hija, el nombre de todos, el nombre de la libertad.
Ellas, en un ligero ejercicio de sublime, pero coqueta herejía, -dirían los monjes del santo oficio- colocan en las rejas de la Catedral Metropolitana “unos milagritos” para que el cielo les conceda la gracia de la despenalización del aborto.
Quizás sea, entonces, la iglesia un poco más revolucionaria, mucho más que todos y cada uno de los 41 diputados, pendientes en tanto de levantar el dedo y de obedecer para luego cobrar y vivir…?
La marcha ha terminado, la alegría se ha ido, pero volverá en tono verde y en aire libre, aire libre, verde y vivo, aire de libertad.







